miércoles, 18 de septiembre de 2019

Cuando no eramos soldados


En el año 2001 el gobierno de José María Aznar finiquitaba definitivamente el Servicio Militar Obligatorio. Se trató de una victoria de la izquierda militante y más en concreto del antimilitarismo que había logrado forzar el fin de una imposición, de un rito de paso si se quiere, que obligaba a que todos los hombres nacidos como tales pagásemos un tributo de tiempo en los cuarteles o, más delante, como esclavos de las ONG en una cosa que se llamó Prestación Social Sustitutoria.

Tras años de luchas, de juicios, de condenas, de penas de prisión para unos pocos, de cientos de ordenes de busca y captura y de hasta algunas muertes de compañeros insumisos, un movimiento difuso y desestructurado que desde un pequeño núcleo había contaminado al resto de la izquierda logrando que se llegase a la cifra de 10000 insumisos declarados,  logramos que el estado español diese su brazo a torcer.  Hasta tal punto había aceptado el ejercito su derrota en ese frente que las últimas tandas de insumisos, si no la liaban con manifiestos, presentaciones públicas y demás, tenían muchas posibilidades de no ser acusados de nada. Por una vez en la historia el ministerio de defensa español parecía estar dispuesto a vivir y dejar vivir.


Fieles a nuestra tradición, compartida con Aníbal de quien los historiadores romanos decían que sabía como lograr la victoria pero no como explotarla, no hicimos una reflexión de conjunto, seria y en profundidad, de como habíamos logrado ese éxito. Y nos lanzamos a las siguientes batallas con un voluntarismo carente de cabeza, sin meditar nada.

Al poco de anunciarse que se acababa "la mili" miles de españoles varones recibimos una carta en la que se nos informaba que el ejercito nos había pasado a la Reserva Activa. Es decir, que aunque no había SMO, durante dos años, seguía disponiendo de nuestras vidas. Esa carta se la enviaron, a su estilo, incluso a los insumisos. A todos. A los que habían sido juzgados, a los que habían ido a la cárcel, y hasta los que habían sido insumisos cuarteleros. En plena borrachera  triunfalista no se le dio casi importancia al hecho y solo los grupos específicamente antimilitaristas hicieron algo al respecto.

Yo, por mi parte, emocionado e impelido por el interés que tan magna institución había demostrado en mi persona después de que yo dejase de pedirles prorrogas, si no recuerdo mal, tres años antes con la esperanza de poder decir que intenté ser insumiso pero que el curso de la historia me lo había impedido (lo que viene siendo un nadar y guardar la ropa, haciendo las cuentas de la vieja, para subirme al caballo ganador con todo el bacalao ya vendido) decidí contestarles con mi propia carta. Era lo mínimo que podía hacer.

 En aquel momento algunas compañeras y compañeros del Molotov, nuestro periódico de la época,  me pidieron publicarla. Lo hubiese hecho de no ser por que en el original hacía referencia a un hecho sucedido en el seno de mi familia y que a mi padre, cuando leyó la carta, le resultó muy doloroso. El verlo ahí, en tono de mofa.

Hoy, dieciocho años después de haberla escrito, he decidido publicarla aquí,  para que lo leáis los y las colegas, modificando simplemente el párrafo de la discordia. Yo, en su día, me divertí escribiéndola. Está viejita y aún así espero que os arranque una sonrisa.



    A la atención del oficial responsable de la oficina:

Habiendo recibido hace apenas una semana la notificación de que he sido “pasado” a la reserva y que por ello debo notificar, si ocurriere, “cualquier cambio de residencia o domicilio” a la par que la magnánima noticia de que a pesar de todo sigo adscrito a las leyes civiles les informo de lo siguiente:
1º-Me niego a ser pasado a ninguna reserva sin que se me consulte antes aunque este “pase” vaya acompañado de  la promesa de que en la reserva tenga la posibilidad de catar los mejores caldos de la tierra.
2º-Considero que no tengo porque informar a nadie con quien no tengo relación de amistad alguna si me cambio o no de domicilio. Máxime cuando no lo hice siquiera en los tiempos en que la amenaza del servicio militar obligatorio pendía sobre mi cabeza como la espada de Damocles (no se ofendan, esta ultima expresión no es ningún insulto). Es mas, les reto a que me encuentren y les doy unas pistas, estoy pensando en huir a Laos como hiciera el insigne exdirector de la benemérita  Luis Roldan o bien mudarme a la Tierra de fuego y abrir una granja de Chamacos para comerciar con su carne y su piel. Si finalmente me encuentran me habrán demostrado al menos un mínimo de interés por mi y a quien  me capture le regalaré un bonometro y un kebab.
3º-Residencia y domicilio son prácticamente la misma cosa así que nombrarlas de seguido en el contexto de la epístola que me han enviado es cometer una redundancia por lo que les recomiendo un libro de estilo.
4º-Desde mi mas tierna infancia he sido considerado por familiares, vecinos y amigos como un cobarde irredento incapaz siquiera de hacer frente a problemas tales como dormir con la luz apagada, ir solo por las noches al cuarto de baño o asumir que tras el ridículo espantoso del día del centenario pueda ser que  el Madrid tampoco gane la liga y la Copa de Europa.
5º-Los hermanos Marx eran cinco  aunque uno de ellos nunca salió en las películas( por cierto, estos hermanos ni son comunistas ni tienen nada que ver con ese pesado de las barbas que se estudia en COU)
6º-Dentro de mi familia existe una larga tradición de errores a la hora de apuntar que terminaron con la muerte de oficiales del “mismo bando” siendo un hecho conocido que un primo segundo de un tío de mi abuela confundió a un general de división con una codorniz y solo se dio cuenta de su error cuando lo sirvió en la mesa, pero supongo que no importa porque fue a finales del siglo XVIII. Así pues seria una pena que mi mala puntería pudiera tener como resultado un desagradable accidente que nadie desea.
    7º-Teniendo en cuenta que soy un hombre irresistible y que además soy un poco Gay(maricón, pa entendernos) corremos el riesgo de que en poco  tiempo contamine a toda la susodicha reserva y supongo que a los varoniles jefes de su estado mayor esto no les guste, por lo que estoy dispuesto a hacer este enorme sacrificio a favor de la defensa de este país, ¿o se llamaba España!!!?. No lo se, al grano.
    Teniendo en cuenta todas estas cuestiones y otras que me reservo para mi considero finiquitada nuestra breve pero intensa relación en este mismo instante.
    Atentamente mío, XXXXXXXXX

        Fdo:


    Recomendaciones finales:
Si realmente desean hacer agradable el ejercito deberían  dejar de dar esas horribles galletas Maria que suelen estar revenidas y cambiarlas como mínimo por las del Príncipe de Bequelar, cambiarle el nombre al generalísimo Franco( el hospital, no al muerto)por Mónica Naranjo o algo así modernillo y con gancho.
    Se me ocurren cientos de ideas para recuperar la imagen de su glorioso ejercito(ese que desde Rocroi solo gano batallas a moros y obreros) pero dudo que sus democráticos mandos estén por acciones de disculpa tales como retirarles las Laureadas de San Fernando a los generales Yagúe, Quipo, Moscardó...

    Con muchas mas cosas que decirle, pero sin tiempo ni ganas de hacerlo se despide un siempre civil y civilizado ciudadano. Un saludo.










martes, 3 de septiembre de 2019

Ariadna

El olor a mar le hizo espabilarse un poco.

Si bien no había logrado dormir en ningún momento podía decir que lo había intentado. Al principio se lo impedía el incesante parloteo de los tres acompañantes del asiento de atrás. Después, cuando se hizo el silencio, fue por la incomodidad del sitio que le correspondía, junto al chófer y por el frío del cristal en que se apoyaba.

Una mancha de luz en el horizonte, en la dirección en la que avanzaban, anunciaba la llegada del nuevo día. No tardarían en llegar.

     - Ay Dios, solo espero que estén allí cuando lleguemos. Dijo la mujer morena.
     - Estarán, mujer, confía un poco. - Contestó una voz masculina poco segura de sí misma.

     No pudo evitar mirar por el rabillo del ojo al conductor del vehículo. Este, impasible, tenía los ojos puestos en la carretera pero era evidente que sentía interés por la conversación. En ningún momento le había dado coba, ni el se la hubiese ofrecido. Ambos estaban más interesados en lo que sucedía tras ellos.


Sin duda el chófer tenía órdenes de escucharlo todo. Por su parte, Ramón, lo hacía de motu propio, por simple curiosidad.

En su opinión el empleado de la embajada perdía el tiempo. Ni José ni Raúl eran gente importante o que manejasen información sensible, pese a sus cargos y sus formas. Y si venían en la comitiva era cuestión exclusiva de Eduardo que, a saber porqué, quería sacarles del país y les había conseguido el pasaje en el barco y transporte hasta el puerto. Los misterios, si es que los había, eran las razones de que Germán no se hubiese  presentado a la cita y cómo se había enterado de la misma la tal Rosa que, providencialmente, pudo ocupar su puesto.

Fingió seguir dormido por ver si lograba escuchar algo que aclarase la situación, pero fue en vano. Era evidente que José y la mentada Rosa se conocían, pero eso no significaba nada. Cualquiera podría haberse ido de la lengua. No se le escapaba, tras tres años de indiscreciones, que esa había sido otra de las causas de la derrota militar.

La conversación versó sobre tonadilleras y gente de la farándula hasta que Raúl recuperó la consciencia. Entonces derivó al tema de siempre. La situación internacional y el futuro de la república. Seguía convencido de que si estallaba la guerra mundial los franceses y los ingleses no tendrían más remedio que invadir España y restituir el gobierno legítimo. Que los británicos facilitasen un barco y coches para evacuar a personalidades de izquierdas era, para Raúl, una prueba más de ello. Se leía entre líneas que no aprobaba el abrupto final que todo esto había tenido.

Raúl era, para Ramón, un imbécil de la peor categoría. Una de esas plumas de medio pelo que a base de escribir para animar a los combatientes había acabado por creerse sus propias mentiras. Y lo que está claro es que lo peor que puede pasarle a un revolucionario, o a un movimiento que aspire a serlo, es creerse su propia propaganda. Él lo había entendido a la perfección tras lo sucedido en Sevilla, Zaragoza y su Coruña natal. Raúl, aún ahora, camino del exilio y tragando la derrota, seguía pagado de sí mismo y sin entender nada.




Poco después la comitiva atravesaba la población pesquera camino del puerto. No se veía ni un alma por las calles.El ruido de los motores rasgaba el silencio de lo que parecía un pueblo fantasma. No reparó en ninguna casa derruida por lo que dedujo que quizá esta villa se había librado de la ira de la aviación fascista. Una extraña suerte teniendo en cuenta que contaba con un puerto importante. Entre las sombras reconoció la silueta del mercante que les esperaba en la rada.



Se alisó la cazadora de cuero marrón, algo arrugada tras horas de viaje en un coche con nombre de ametralladora y se metió las manos en los bolsillos, mientras casi divertido miraba la escena que se desarrollaba a su alrededor.

Imbuídos de un silencio tan sepulcral e incómodo como el que dominaba el pueblo se habían formado tres grupos de gente.  La mayoría,asombrados y recelosos, miraba ora al pueblo, ora los otros dos grupos, sin terminar de entender nada a la espera de que se desencadenase una tragedia. Por primera vez en su vida Ramón creyó pillar eso del humor negro británico.

 No sabía cuándo había sido, pero era evidente que en algún punto del camino su caravana se había unido a otras dos, o viceversa. Ahora que las sombras se  disipaban muchos reconocían en los  otros conciliábulos rostros y nombres con los que hasta ayer habían mantenido incendiarias disputas desde las tribunas de los periódicos o a tiros por las calles del Madrid sitiado. Unos para firmar una paz honrosa, los otros para no rendirse jamás. La luz de la aurora les pillaba con las maletas de cartón en la mano. Haciendo cola para subir a un barco con nombre de princesa que les libraría del paredón pero no de la vergüenza.


Oyó, mientras observaba las idas y venidas de las lanchas de embarque, una voz muy familiar que le decía - ¿es ese todo tu equipaje?

Se giró y a su derecha y vió a su amigo de la infancia. El mismo con el que había emigrado a Madrid para trabajar de lo que fuera y junto al que había compartido las primeras inquietudes políticas. El hombre al que él había afiliado a un sindicato para ver cómo se convertía en uno de sus pilares.

    - No tengo de eso. Yo no me voy con vosotros.

Eduardo, antes de marchar, le miró a de arriba abajo. Se abrazaron fuerte, en silencio.



Rato después, apoyado en uno de los coches del improvisado cementerio de automóviles, Ramón observó al Ariadna adentrarse en el Mediterráneo, bañado por la luz del amanecer.  Sabía que sobre los que dejaba atrás, en cambio, se cerraba la más oscura de las noches.

domingo, 25 de agosto de 2019

Primera despedida

Pienso que soy un tipo con suerte, la verdad. O al menos que lo he sido en lo que al punto de partida se refiere. En un mundo como el nuestro nacer blanco, hetero y de una familia con una base económica suficiente y cultural, diría, que por encima de la media es un lujo. Así, para empezar, salí bastante bien parado en lo que a la lotería de los privilegios se refiere. Muy bien surtido en lo material. Digamos que no me tocó el gordo de Navidad, pero casi.

        En temas de salud no tengo tampoco queja. Pequeños defectillos subsanables, y subsanados, y cosas que pudiendo haber sido problemas gordos no llegaron a más. Casi todas, de hecho, por lo mismo que comentaba antes. Donde, como, cuando y de quién nací.

        Como no se puede tener todo en esta vida a mi me tocó la parte más jodida en eso de los afectos. Otro día, quizá, me extienda en mis padres y su fundamental papel protagonista en este asunto, en lo torpes que fueron. Uno sin querer y la otra sin importarle un pimiento.
Hoy no toca ese agradable tema.

        Pero seguí siendo un tipo con suerte. La vida me dio un comodín en forma de abuela materna.

        Cuando yo nací, allá por el año 1977, ella acababa de ser operada a vida o muerte y había salido con éxito de su intervención. Yo venía al mundo y ella se reenganchaba a el. Eso generó el primer vínculo.

        Aquella casa suya era, en los años setenta, una casa de locos. Quizá a una viuda con cinco hijas, dos de ellas adolescentes, y cuatro aún en casa, que tiene que ir a trabajar como maestra todos los días hasta Fuenlabrada, en un Madrid sin la red de transporte público de hoy, y un padre nonagenario que, tozudo y cascarrabias, requería más cuidados de los que se dejaba profesar, lo que menos bien le venía era que le metiesen en plantilla a un mocoso recién nacido, pero me recibió como si hubiese sido un regalo. Nunca sabremos cuando eran, pero en los ratos que le dejábamos de  tranquilidad, aprovechó para sacar su segunda carrera. Geografía e Historia.
       
        En la tribu aquella, para cargarme, colaboraban todas. Mis tías, mi tío, mi bisabuelo y Eusebia,la mujer interna que mi abuela había contratado para hacerse cargo de la casa cuando ella, recién parida, enviudó y tuvo que salir a trabajar. Decidió ser autónoma y no volver a depender de ningún hombre. Era 1962.

         El tiempo del que iba disponiendo con la muerte de su padre y la madurez de sus hijas me lo dedicaba a mi o lo compartía conmigo. Me  llevaba con ella a Vitruvio, al banco y los sábados que no teníamos que realizar gestiones se sentaba conmigo en la cama y me iba explicando los pasajes de la Biblia, una edición plagada de bellas ilustraciones.  Tras la muerte de mi bisabuelo Manuel y el divorcio de mis padres comenzamos a pasar todos los veranos juntos. Nos íbamos a Ayamonte, con su hermana Natin y mi tío abuelo Tomás, y la otra gran tribu compuesta por sus diez sobrinos, novias y amigos. Yo era el pequeño y aquello era el paraíso.

        En algún momento compró, para mi, una historia de España en 10 tomos, totalmente ilustrada en formato cómic, que no solo hizo que dejara de lado las sagradas escrituras sino que asentó en mi uno de los pilares de mi pasión por la historia. Estuve años leyéndola una y otra vez. El otro pilar de mi vocación lo asentaron ella y su prole en las eternas discusiones familiares sobre ese tema. En nuestra familia la tradición oral es muy importante. Y ella un pozo de sabiduría y memoria.
     
        Pasaron aquellos años de mi infancia, mal criado hasta el infinito, en mi condición de hijo y nieto único, hasta que más cerca de los once que de los diez años nació mi prima Julia. Sentí celos, claro, pero una vez más fui afortunado. No solo porque mi abuela se mostraba capaz de ejercer el don de la ubicuidad. Es que además no llegó la competencia hasta el momento en que fue, casi, un relevo ante mi inminente adolescencia.

        Mi salida al mundo fue dejando a mi abuela entretenida con las que venían detrás que, ahora si, llegaron mucho más seguidas. Ya antes de jubilarse se recorría Madrid para, en la medida de sus fuerzas, darle a sus otras hijas y sus nuevas nietas el cariño y la atención que yo me había llevado en exclusiva y que ellas también se merecían. Después del retiro solo esa fue su dedicación a tiempo casi completo.

        La relación cambió. El vínculo se fortalecía. Me fui a estudiar a la Universidad de Alicante un curso que acabaron siendo tres y durante esos años nunca dejó de estar pendiente de mi. Me mandaba giros postales y me insistía una y otra vez, como cuando me perseguía por la playa con los libros de naturales y matemáticas, en que estudiase y acabara la carrera.

        En aquellos años en que la estética era tan importante en la militancia siempre tuvo la puerta abierta a mis amigos y amigas ya fuese para comer, merendar o incluso dormir. Por muy estrambóticas que le resultasen sus pintas y opiniones. Recuerdo dos casos en concreto.

        En el primero, era el año 1996, vinieron tres compañeros del SHARP de Alicante a la manifestación del 20N. Me los llevé a ver a mi abuela. Iñaki, Senín y “el Cuca”. Uno de ellos cuya identidad respetaré defendió tenazmente los puntos de vista del MLNV, además de beberse casi entera una botella de anís que había perdida en un armario. Mi abuela, que se definía como católica y de derechas, debatió con nosotros toda la tarde, desde el respeto y sin tratar de imponer nada. Mucho decir en este país y, para quién recuerde, en esos años.  No era ni miedo, el amigo podía resultar agresivo en las formas, ni hipocresía. Cuando hablamos del tema, en mi siguiente visita, solo me dijo que le preocupaba ese muchacho. Que era inteligente y de buen corazón pero que le parecía que llevaba mucho dolor y odio a cuestas.

        En el segundo, también por esas fechas, en una de mis escapadas a Madrid desde Alicante, me encontré con Iñaki, el mismo Iñaki de antes, en La Guindalera durante un concierto de Inadaptats. No habíamos quedado ni nada. Yo ni sabía que el también había venido a Madrid ese fin de semana. Estaba solo y perdido porque no sabía regresar a la casa de los familiares donde se alojaba y red skin como era, en territorio desconocido, prefería no jugársela. Eran las once de la noche. Llame a mi abuela desde una cabina y accedió a darnos posada sin dudarlo.

       
        Cada vez que incrédula me preguntaba de donde me venían a mi las ideas anarquistas yo le contestaba que fue ella quien me enseñó que donde comen siete comen nueve, que nadie debería dormir en la calle contra su voluntad y que el respeto al prójimo vale más que el dinero. Que somos lo que hacemos y no lo que decimos. Que mientras no nos ponga en riesgo evidente, ayudar es un deber.
   
        Este verano nos hemos visto bastante. He pasado a verla una tarde si y otra no durante la primeros veinte días de agosto. En mi última visita me pidió, sin decirlo, que comenzase a leerle la “Historia del Anarcosindicalismo español”, de Juan Gómez Casas. Lo había leído hace años, cuando lo reedito La Malatesta, pero no lo recordaba. Le preocupaba la perdida de memoria.

        Le leí, en parte por vanidad, el prólogo de Concha Serrano. Discutimos un rato después. Nunca ha terminado de entender como, criados por ella, tan católica, tan de orden, tan de buena familia, han podido salir tres (quizá seamos dos, quizá seamos seis o quizá ninguno) anarquistas en la familia.

        Desde que cumplió los noventa pegó un bajón. Muchas veces me he ido de su casa triste y con la sensación de que se nos acababa el tiempo juntos. Viendo como la artrosis y la artritis le deformaban las manos y las rodillas. Como se le hinchaban las piernas hasta que parecían reventar. Intuyendo unos dolores no reclamados. Hace unos días necesitó cinco minutos de reloj para levantarse del sillón y no pidió que la ayudase. Después me dijo “No puedo permitirme que me ayudéis, el día que os lo pida me quedaré en la silla de ruedas para siempre”. 

        Un amigo la entrevistó un par de veces para su tesis y yo la he grabado a escondidas un par más, pero me parecía feo hacerlo. Y cuando la grababa desde la legalidad cambiaba el tono y no parecía ella. Tuve que esperar a la entrevista de Fernando para que reconociese que aquel miliciano con pañuelo rojinegro que visitaba la casa de la familia en el barrio de Salamanca, que resultaron ser dos, iban aseados y disfrutaban de la lectura. Que eran educados y respetuosos. Y que fueron fusilados por los franquistas, pese haber salvado la vida a varios miembros de nuestra familia y que todo el mundo testificó a su favor.

        El viernes, una hora y media después de que colgase en mi muro de fb una canción de Joan Baez, me llamó mi tía Lilí para decirme que acababas de morir. En tu cama. De manera rápida y con mi tía Mamen y ella a tu lado. A los noventa y tres años. En la misma casa en que falleció tu amado marido.

        Te has ido como viviste. Antes de dejar de ser independiente. Antes de perder la cabeza. Te daba terror tener que usar pañales y ser una carga, a mi que tuvieses un accidente en tu escacharrada cocina estando sola. A los dos nos ha sonreído el destino.

        Te marchaste sin darme tiempo a que te llevara, para hacerte rabiar, la noticia del cura toledano de la CNT  durante la guerra civil. Y contigo se van nuestras charlas sobre esa guerra. Sobre el hambre y la esperanza. Sobre la huida, arruinados, de Marruecos con tres hijos pequeños y en plena descolonización. Tu visión de la transición, en la que te aburriste de hacer huelgas que no apoyabas porque te parecía fatal beneficiarte de las conquistas de las luchas ajenas y tu odio a Tierno Galván por incitar a una juventud desorientada al uso de las drogas.

        No coincidiremos más, en una discusión, sobre lo trágico que es que nadie en este país apueste por una educación pública, tu pasión, como base de futuro. Ni me contarás cosas que aún no sabía de ti, como el otro día, cuando me explicabas como te negaste en el Ciudad de Jaén a que se dejase fuera de las actividades a tus alumnos solo por que eran repetidores y bullangueros y los demás profesores no los querían ver ni en pintura del miedo que les tenían.

        O la historia del ruso. O la del atraco. O la del Istiqlal. O tantas otras que casi parecen sacadas de un guión estilo Big Fish y que hicieron que a veces te trataran de exagerada o no te tomasen en serio. 

        Podría estar hablado de ella horas, y volveré a hacerlo, pero de momento lo dejo en que desde este viernes pasado el 23 de agosto ya no será para mi el aniversario del asesinato de Sacco y Vanzetti, sino el de la muerte apacible mi abuela Lydia.

        En este momento desearía que tu tuvieses razón y yo esté equivocado y podamos algún día abrazarnos de nuevo en el otro lado.

        Solo lamento no haber sido un poco menos respetuoso y no haberte grabado más, por supuesto, a escondidas.

martes, 20 de agosto de 2019

Noticias de verano


                   


        El caso es que andaba yo dudando bastante sobre que escribir esta semana. Empecé algo, que sin dejar de ser importante no corre prisa, sobre asambleas y movimientos sociales; le di vueltas al aniversario del asesinato de estado de Nicola Sacco y Barolomeo Vanzetti; y ya me había decidido finalmente por una reseña de la película que vi ayer, la última de Tarantino, cuando me he encontrado esta mañana con la última oferta de gobierno presentada por Podemos al equipo de Pedro Sánchez.

Un primer (y último, que la vida no es eterna y hay que dosificar los malos ratos siempre que se pueda) vistazo a las propuestas me dejan con la sensación de que estamos ante el momento ese de muchas series que al principio cada capítulo nos comentan eso de “en episodios anteriores”.

Las cuatro propuestas son tan parecidas entre si que parecen la misma cambiando el orden de las palabras. La respuesta del PSOE, pública a la altura en la que yo me he podido sentar a escribir, es también la misma vieja canción. Ni me he molestado en leer sus argumentos pero sospecho que lo que un amigo y yo hablábamos por teléfono al leer la noticia, que Sánchez diría No, es también lo que esperaba la ejecutiva de podemos.

Es más, la comisión negociadora tenía elementos elegidos ex profeso para demostrar hasta que punto el documento de esta mañana es más el comienzo de campaña podemita que una propuesta seria.

De sus seis miembros, solo dos de ellas mujeres, cabe destacar a dos por la confianza que le inspirarían a cualquiera, a saber.

Enrique Santiago, el actual secretario general del PCE más mustio de la historia, y al que podríamos definir como un tipo que hubiese sido un perfecto comisario político a escala de compañía, quizá de batallón, pero nunca más allá de un regimiento,  dotado de una gran disciplina, alguna capacidad organizativa, bastante menos empatía y nula imaginación.

Y Pablo Echenique quién en tan solo cinco años, y tras haber pasado por todas las escasas facciones de esa desorganización política, ha logrado ser una especie de Lavrenti Beria al servicio de Pablo Iglesias Turrión. No solo  por su condición de brazo ejecutor inmisericorde, sino por lo zafio de algunas de sus declaraciones durante las purgas internas cuya autoría pública no tiene problema en asumir como si fuesen propias, por más que se le vean los hilos. 

Como escudero se han llevado a un señor que tras toda una vida aspirando a ser el primer diputado ecologista de la historia de España solo ha logrado su acta, como casi todos en ese partido, por salir mucho por la tele y conocer al líder de tiempos pretéritos y no por que tenga una masa detrás que le apoye e inquiete, por poco que sea, al enemigo. 

Por último, ya que la trayectoria política de las diputadas la desconozco y no me gusta hablar de lo que no sé, está Jaume Asens. El único de quién me atrevería a no desconfiar de primeras en una reunión y a quien reconozco su condición de gran abogado y su trabajo realizado al servicio de los compas catalanes. De hecho es por esto que no descarto que su misión en esa embajada imaginaria sea la de asegurarse de que nadie meta la pata demasiado y la de aportar lo que al resto de los señoros les falta. Credibilidad, imaginación y puede que sentido común. Vamos,  que está ahí para que nadie salga herido.

Supongo que la única razón por la que no se ha incluido a Rafa Mayoral en ese grupo es porque  al paso de semejante comitiva sonaría, sin necesidad de que ningún dispositivo electrónico la estuviese reproduciendo, la marcha imperial de La guerra de las galaxias.

Da la sensación, decía antes, de que PIT  ha asumido que las elecciones son inevitables y con su estilo carrillista de querer llevar la iniciativa táctica, aunque carezca de capacidad estratégica, presenta este memorándum como arma que utilizar dentro de un mes y medio para gritar a los cuatro vientos que el hizo todo lo posible, como buen estadista y mejor adalid del pueblo, para que no se repitiesen las elecciones. Para que no se abriese la puerta a que el PP y sus socios puedan recuperar, llegado el caso, la mayoría en la Carrera de San Jerónimo.

Vamos, que si a mi me enviasen semejante equipo de interlocutores para una negociación confiaría en los resultados de las mismas tanto como en que un partido con toreros en sus listas se interesa por el bien estar animal.

Por otro lado soy consciente, en mi condición de hombre de a pie,  de que carezco de más información que la que me dan los media, por lo que puede que todo sea una farsa y que Podemos haya aceptado su derrota. Que solo esté cacareando mucho para poder pedir, llegado el caso, a sus resignados inscritos que es o su claudicación votando presidente o el Caos del trifachito. Soñando con poder amenazar al gobierno en tiempos de crisis con retirarle su apoyo y, quien sabe, sobre todo si el PSOE se desgasta con sus medidas, recuperar terreno perdido en unas hipotéticas futuras encuestas. Divinas encuestas que son quienes marcan, por desgracia, a día de hoy la hoja de ruta.

Al final no se me escapa que le damos a los tribunos mucha más importancia de la que tienen y siento que nos queremos a nosotros, individual y colectivamente, mucho menos de lo que nos merecemos. Lo que a ellos les fortalece y a nosotros nos inmoviliza.

 Y mientras rumio que no me gustan nada ni como he terminado este pequeño post ni las nubes oscuras que se avecinan, y que quizá debería haberos hablado de mi última visita al cine, no deja de venirme a la cabeza aquel estribillo de “poco pan y ...”

miércoles, 14 de agosto de 2019

La fasciscitación del estado español. Instituciones y sociedad (año 2000)

Corría el otoño del años dos mil, era domingo, y yo acababa de llegar a casa de trabajar.
Sonó el teléfono y resultó ser un desconocido que se identificaba como periodista de la revista Ardi Beltza (o de su sucesora Kale Gorria). Quería que escribiese un artículo para el especial anual de su publicación que tendría que salir para navidades. La temática exacta ya no la recuerdo, pero en mi condición de militante de un colectivo dedicado a la recopilación de información anti fascista por ahí iban los tiros.

Intenté pasarle el marrón a mis compañeros de colectivo pero ya todos habían declinado y me habían señalado como el más adecuado para escribir lo que nos pedían.

Supongo que  fueron una combinación de ego y disciplina militante las que me hicieron aceptar el encargo para descubrir, nada más dar el si,  de que querían poco más de tres mil caracteres y que los necesitaban antes de las diez de la mañana del día siguiente.

Hoy hubiera actuado de otra forma. Es más, años más tarde el mismo sujeto me llamó, sin recordar quién era yo, con otro marrón semejante y me negué en rotundo.

El caso es que, nada más colgar, me puse manos a la obra. Eran casi las once de la noche. Terminé a las dos de la mañana.  Sin poder corregirlo, ni casi contrastarlo con amigos o compañeros, lo envié por fax desde la agencia UPA, allí donde unos locos con pocos medios y muchas ganas se empeñaban en hacer contra información en los tiempos en que Internet apenas empezaba a despuntar para los vulgares mortales.

Se me fue la mano y les mandé veinte mil caracteres firmados con un nombre que no era el mío y que le había tomado prestado a un joven asesinado por un facha en Alicante en los años setenta y que recibió, como era lo habitual, poca justicia.

Cuando llegó el volumen que incluía mis lineas a Traficantes de Sueños, aún en la calle Hortaleza, yo me mordía las uñas de la emoción, para que negarlo.

Entendí que dado lo extenso de mi trabajo lo recortaran, si bien podrían haber tratado de consensuar un poco los tijeretazos. Lo que me sentó a cuerno quemado es que cambiaran el seudónimo por miedo a que la familia del finado, pasados los años y con las tendencias políticas del momento, nos denunciase.

Hace un par de semanas me encontré el original, manuscrito en hojas de examen de la facultad de historia de la Complutense, mientras escarbaba entre papeles viejos.

He decidido subirlo aquí tal y como lo escribí entonces, solo haciendo una pequeña e incompleta corrección de estilo que aquella noche no pude permitirme. Básicamente he quitado redundancias. El resto lo dejo como lo expresé. Algunas cosas hoy no las veo igual, otras si.

En cualquier caso me ha parecido curioso, y quizá os lo parezca a ustedes, como veía yo, como escribía yo, en que andábamos ya, o no, ustedes y yo hace diecinueve años.

En cualquier caso pido disculpas por las erratas, nunca por la juventud e inexperiencia mía de aquel entonces.

Un abrazo



        La fasciscitación del estado español. Instituciones y sociedad

    1. Introducción :

        Cuando hablamos del fascismo en España y nos planteamos si nuestra sociedad es fértil caldo de cultivo para las ideologías totalitarias es fácil caer, sobre todo si se peca de simplismo, en la tentación de pensar que los pueblos que habitan el estado español no solo no tienen una mentalidad cercana al fascismo si no más aún, una mentalidad bastante progresista. Nada más lejos de la realidad.

        Lo primero que debemos recordar es la historia. Y la historia del pueblo español cuenta (o no, según quien la escriba) que hasta hace solo 25 años (44 ahora que rescato el texto) gobernó un individuo que se había hecho con el poder de manera definitiva a nivel territorial en 1939, tras una sangrienta guerra encaminada a instaurar un régimen fascista. Objetivo para el cual exterminó a cientos de miles de españoles, obligo al exilio a otros cientos de miles y sumió en el terror absoluto, durante las décadas que duró su gobierno, al resto.

        Si hago esta retrospectiva histórica es porque pienso que lo primero que hay que entender para analizar si esta sociedad es fácil presa para las alternativas fascistas es que todas las personas mayores de treinta o treinta y cinco años se han criado en una dictadura militar y han padecido sus sistema educativo y sus valores siendo muy poca la gente que tuvo la opción de educarse de manera diferente.

        Esta falta de tradición democrática de generaciones de españoles es necesaria para comprender los sucesos que tendrán lugar más adelante  y que hoy en día se dan ya de manera mucho más descarada.

        La primera consecuencia de esta falta de cultura democrática (de la falta de cultura revolucionaria ni hablamos) tendrá lugar durante la mal llamada “transición democrática”  donde casi todos los grupúsculos surgidos como hongos en primavera tras un breve sarampión se lanzaron a copar puestos en organizaciones con renombre. Por su parte, salvo excepciones, los centenares de miles de trabajadores que en los últimos años de la dictadura, que coincidió con la crisis del petróleo, optaron por comprarse la moto de la “reforma”. Pienso que su opción fue desde esa educación recibida, tradicional, en el miedo miedo a las rupturas.

        Este modelo transicional fue hasta tal punto un éxito que muchas dictaduras que se vieron obligadas a desaparecer por las presiones internacionales afirmaban que querían un modelo de transición a la española.

        Así, a partir del 78, de lo que se trata es de lograr que una sociedad conservadora, con algún barniz progresista, acepté una continuidad en el modelo de fondo y creyéndose de izquierdas acepte legislaciones de corte cripto fascista. Más de veinte años después se puede decir que el circulo se ha cerrado con un grado de éxito importante.

2. Situación actual :
    
        El sistema capitalista aprendió a lo largo de la guerra fría que es mucho más fácil y cómodo mantener al pueblo de los distintos países  controlados por medio de ficciones democráticas  que bajo las botas de las dictaduras militares, sin necesidad de cambiar por ello ni el fondo económico, ni muchas de las leyes, pudiendo llegar a ejercer la represión de manera más profunda y contundente llegado el caso. Evidentemente con las peculiaridades propias de cada país.

        En el caso español, una vez más, la educación es uno de los pilares básicos. Educación que podríamos dividir en educación docente y educación cotidiana. La primera sería la impartida en los centros educativos y la segunda la que se da de manera propagandística por todos los medios propagandísticos posibles (medios de comunicación, música, cine, literatura....).

        El modelo educativo cada vez más nos forma de manera uniformada, una visión del mundo desde un único punto de vista y sin capacidad de pensamiento crítico o interés por investigar más allá de lo permitido.

        Así podemos percibir en la misma academia ese descarado afán ideologizador en temas tan evidentes como la unidad de España en la eternidad. A día de hoy se sigue hablando en las universidades de la España romana, la Reconquista de España, etc. Hasta el punto de que mientras que de más de ocho siglos de presencia musulmana solo podemos recordar dos califas y un general la lista de reyes o nobles cristianos en ese mismo periodo es bastante más larga. Por no hablar de que sus hechos son narrados como gestas heroicas y de liberación.

        Paradojicamente, la expansión imperialista a partir del siglo XV, no es interpretada como tal. Se transmite como un encuentro entre culturas, con sus errores, pero inevitable y positiva. Es más, se tiene a bien simplificar los procesos y llevarlos al maniqueísmo comparando la expansión  castellana, a los ojos españoles, humana y mestiza con la anglosajona que sería de tipo genocidio.

        Desde los centros educativos, salvo excepciones, se mantendría esa visión imperial de la historia que se cultivo en los tiempo de la dictadura, empeñada más en crear una mística gloriosa que en describir un proceso colonizador analizando sus causas, formas y consecuencias.

        Todos los fascismos inventan un pasado unificado, a ser posible heroico, que una a la comunidad en la que someten. Todos los fascismos buscan un imperio que crear con el que desviar las tensiones de clase permitiendo a sus explotados estratificarse y tener a su vez alguien por debajo a quien putear. España es una, España es grande y desde el setenta y ocho, nos cuentan, España es libre.

        Más allá del pasado glorioso y la unidad territorial están la constitución y el ejercito. Esa constitución de la que se nos recitan cuatro artículos escogidos para que nos parezca maravillosa y un ejercito que ha pasado de ser una de las instituciones más desprestigiadas a ir escalando puestos gracias a millones en publicidad y lavados de cara a través de la difusión de sus “misiones humanitarias”, generando entre los más jóvenes la falsa sensación de la necesidad de los ejércitos para estas labores.

        Por último se enseña a los jóvenes a ser competitivos e individualistas. S la carrera por el éxito en la que la solidaridad queda como algo profesionalizado y gestionado por entidades casi siempre ajenas a la población. Además ésta solidaridad queda restringida a ser ejercida  de manera indirecta, desde la tercera persona, no de manera directa. Paga un kilo de arroz, apadrina un niño, manda un SMS.... Quedan fuera la interacción y el trabajo de base tipo instituto-barrio, estudiantes-trabajadores etc.

        En lo que a la educación no reglada, la de los medios de comunicación, nos encontramos con una función disciplinadora con escasos espacios para el pensamiento independiente y los que se dan, lo son de manera controlada. Su función, dar a conocer lo que  se quiere desde el poder, cuando y como este quiere, a toque de silbato. Invisibilizando luchas sociales y conflictos aquí y bombardeándonos con lo mal que se vive en otros sitios, por ejemplo.

        También tienen un papel movilizador o desmovilizador, según interese. Un ejemplo de lo primero sería las movilizaciones tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco y de lo segundo las huelgas de camioneros de hacer tres años que se desinflaron cuando la televisión anunció en los telediarios que se había desconvocado pese a que ellos no lo habían decidido aún. La mentira como propaganda convertida en verdad al más puro estilo de Goebbles.

        La represión directa, por su parte, también comienza a adquirir cotas que muchos hubieran pensado imposibles hace no  mucho.

        Por un lado la cárcel como centro de exterminio, científicamente probado, en los que se destruye a las personas sin necesidad de matarles. Cambiando cámaras de gas por drogas y SIDA y, llegado el caso, el tiro de gracia por el suicidio en la celda. Viejos métodos hoy más sutiles.

        Por otro, la policía, que poco ha cambiado desde la dictadura más allá de la modernización en los aspectos técnicos y que junto a los servicios de inteligencia acapara una gran cantidad de información totalmente fuera del control ciudadano en manos de cuadros formados en la dictadura o por quienes se formaron en esa dictadura.

        La relación de la policía, de muchos de sus miembros, con el fascismo militante es directa y evidente. Desde unidades de antidisturbios que lucen en sus cascos simbología de grupos como bases autónomas hasta la participación en acciones de comando como los asesinatos de Lucrecia Pérez (13/11/1993) o el del diputado Josu Muguruza (20/11/1989). Además en los órganos de expresión de los grupos fascistas es habitual el llamamiento al entrismo en las Fuerzas de Orden Público.

        En el aspecto legal se esta produciendo un endurecimiento de las leyes encaminado a perseguir cualquier acto o movimiento considerado subversivo desde el poder. Reformas acompañadas de golpes y montajes jurídicos y policiales como fueron el cierre del diario Egin o la reciente detención de toda la dirección de Ekin. Sobre el cierre del periódico ya ha quedado claro que se hizo sin pruebas y sobre el segundo solo se han dado explicaciones vagas pero ninguna contrastada de manera contundente.

        Se trata de ataques descarados contra cualquier oposición al statu quo y no se corresponden con lo que se espera de un estado de derecho como aquel que se supone en que vivimos, fruto de las revoluciones liberales contra el antiguo régimen, si no que más bien se corresponden con actitudes propias de estados autoritarios. Donde no existe la democracia y el poder es ejercido de forma total por el estado.

        Estos ataques no se ceban exclusivamente con la izquierda independentista vasca. Estos atropellos los sufren principalmente, y de manera más virulenta si cabe, los trabajadores extranjeros en nuestro país y los pobres en general. Con la diferencia de que los migrantes y los marinados sociales carecen de un movimiento fuerte con los que enfrentar al estado.

        Precisamente estos colectivos son victimas de otra práctica de control y extorsión social muy aplicada y generalmente muy exitosa, que es la aplicada por los servicios sociales de barrio y sus ejecutores directos. Los trabajadores sociales.

        En los barrios conflictivos el trabajador social se documenta acerca de cada familia, husmea en cada domicilio, y realiza informes que van directamente a los archivos de cada organismo oficial hasta que su uso sea necesario. Pero además, en última instancia, es el trabajador social quien tiene el poder de decidir que familias reciben, y cuales no, las ayudas. En los momentos de crisis, cuando las ayudas son más necesarias, las condiciones para recibirlas se endurecen y exigen una sumisión tremenda por parte de los receptores, de tal forma que quien  obedezca tendrá ayudas y quien se muestre rebeldes, no.

    Los pobres rebeldes van a la cárcel, no reciben ayudas y llegado el caso, por orden judicial, pueden ser separados de sus hijos si su hogar no se considera adecuado para educar correctamente a los niños.
   
    Dado que el estado es quien tiene la potestad última en esta situación y que aunque , a día de hoy, solo interviene en lo que se conoce como familias desetructuradas la infraestructura está preparada para cuando se deba incluir en esa categoría a familias por motivos ideológicos.  Los trabajadores sociales, en cada momento, son fruto de su época y esto puede incluso darse sin órdenes expresas de las administraciones.

    Más allá de cada trabajador social por separado, que sería la primera linea como ya hemos dicho, y aunque los resultados iniciales no fueran negativos no podemos olvidar que esos informes, todos esos datos, van a los archivos del estado y están fuera de nuestro alcance.  Un ejemplo del riesgo. Cuando en 1933 los nazis se hicieron con el gobierno en Alemania los uniformes de los trabajadores sociales, redactados a lo largo de la República de Weimar, y que contenían datos como ayudas, hurtos, impagos en el autobús, etc fueron utilizados por el estado nacional socialista como fuente de datos principal para decidir quienes iban a los campos de concentración o eran merecedores de las esterilizaciones forzosas.

3. Derechización de la sociedad:
   
    A la par que se producía la fasciscitación de los aparatos del estado se ha producido el proceso de Derechización social que ha hecho posible este camino sin apenas tensiones sociales.

    Este proceso no ha sido espontaneo y para acelerarlo el sistema ha utilizado el viejo, pero eficaz, sistema de creación de enemigos internos y externos. En mi opinión cada uno de ellos con objetivos distinto de cara a las adhesiones que pretende.

    El enemigo interno cuyo objetivo era el silencio y la connivencia del pensamiento progresista, izquierdoso y cultureta, que todavía se ve a si mismo en el eje de la izquierda, ha sido sin duda el Movimiento de Liberación Nacional Vasco.

    El MLNV, más allá de que no comparto sus estrategias,  se ha convertido en el monstruo, magnificado, presentado a la sociedad española como un peligroso enemigo que pone, por si mismo, en riesgo nuestro sistema democrático. Ha sido usado como punta de lanza en la propaganda para asimilar que la violencia, desde la oposición, es inaceptable. Y que solo son validas las reivindicaciones si se hacen desde la tolerancia y la no violencia.

    Este mantra desde el poder ha sido masticado por artistas e intelectuales supuestamente de izquierdas y anti franquistas a fin de que aquellos a quienes iba dirigida,  principalmente la clase media progre, la digirieran mejor.  Este aparataje mediático, masivo, ha permitido que se aprueben sin apenas oposición medidas legales, en teoría, solo para los vascos terroristas, pero que ya sufriremos el resto de la sociedad llegado el momento.

    En cuanto al enemigo exterior, la inmigración, es también magnificado por los voceros del sistema con el fin de que traguemos con carros y carretas. En este caso el objetivo a rendir con este enemigo es el de una inculta y des concienciada clase obrera que se ve amenazada por la marea negra que, gracias a los telediarios, vemos que viene a invadirnos y quitarnos el trabajo.

    El resultado es que una sociedad que hace veinte años no se consideraba racista, aunque lo fuese, ahora ve al emigrante como un competidor y un enemigo causante de su precariedad o paro. Ese racismo actuá ya de manera organizada no solo en explosiones espectaculares como la de El Ejido. También otras muchas zonas están siendo ya testigos de ataques xenófobos y racistas ( La vega baja del Segura en Alicante, Tarrasa, etc.)

    Hoy por hoy, tras el breve repaso que hemos hecho al panorama que tenemos, pienso que nos encontramos en un momento crítico en que cabe reconocer que el estado y el capital han jugado muy bien sus cartas.

    Tendremos que reflexionar seriamente cara la futuro ya que nuestra sociedad es cada vez menos permeable a nuestro discurso. El tiempo juega en nuestra contra y si nos descuidamos será demasiado tarde.

    Miquel Grau

    Madrid, 16/10/2000   


martes, 6 de agosto de 2019

La izquierda y el Síndrome de Estocolmo

                    El viernes pasado quedé con una amiga y un amigo para comer en Móstoles. Después del merecido y necesario rato de coñas y humor surrealista mientras recorríamos carreteras y polígonos, en busca de un innombrable título que el amigo librero había apalabrado para esa misma tarde, acabamos comiendo en un restaurante de comida italiana bastante peculiar donde yo me puse como un gocho saltándome la dieta.

    Allí, mientras meneábamos el bigote y yo me esparcía felizmente en posición casi horizontal por un sofá que perfectamente podía haber sido rescatado de un lupanar victoriano, se abordaron los  temas cotidianos de conversación. Amistades comunes, situación laboral y estado actual de nuestras vidas amorosas. Más concretamente las suyas que si bien resultan menos pintorescas que la mía son bastante más sanas.

    A punto estaba de pensar que sería capaz de controlarme evitando los postres cuando nuestro anfitrión sacó el tema de la política profesionalizada y el municipalismo.

    En un primer momento traté de mantenerme al margen de la conversación buscando entre los cojines algún tipo de puerta dimensional que me llevara, cual calcetín en la lavadora, a un mundo de fantasía plagado de unicornios y sin reuniones de la comunidad de propietarios. Pero lejos de eso la magia, mientras avanzaba la conversación que yo no quería escuchar, se tornó contra mi convirtiendo los cojines en una especie de cama de faquir y acabé erguido e incomodo.

    Había un consenso generalizado en la mesa. Solo eramos tres cuerpos, lo que no significa que no pudiese haber más sensibilidades, y coincidíamos en que no solo había sido un fracaso estrepitoso y previsible; además estábamos de acuerdo en que no parece que nadie vaya a hacer auto crítica, valoraciones serias ni asumir responsabilidades.  A mi, que ya llegaba tocado por asuntos personales, terminaron de joderme la tarde y acabe comiéndome un calzonne relleno de chocolate fundido a medias con el desaprensivo que había sacado el asunto. La fémina del grupo, en su condición de vegana, declinó sumarse a la orgía de azúcar saturado al resultar evidente que era chocolate con leche.
   
    La reflexión que me dejó rumiante, de nuevo y entre las muchas que hicimos, fue la de que ni siquiera son conscientes de que el trato que les hemos profesado, a quienes han decidido hacer de la política una profesión, ha sido y es exquisito y consecuencia única y exclusivamente del cariño y del pasado común. Una deferencia que no se tiene con el resto de  partidos.

   

    En 1973, en la ciudad de Estocolmo, un atraco a un banco que salió mal se transformó en un secuestro de seis días tras el cual algunas de las personas convertidas en rehenes lejos de declarar contra su captor mostraron públicamente una gran simpatía hacia este. Inmediatamente esta sorprendente actitud fue bautizada como “Síndrome de Estocolmo” por un psiquiatra del país escandinavo.

    Un año después Patricia Hearst, nieta del magnate Randolph Hearst, inmortalizado en el clásico de Orson Wells titulado Ciudadano Kane, llevaba ese síndrome hasta el límite de lo imaginable al incorporarse a la misma organización armada, El Ejercito Simbiótico de Liberación, que la había secuestrado dos meses antes con el objeto de cobrar un rescate por su persona.

En España, por poner un ejemplo cercano, Antonio María Oriol testificó en la Audiencia Nacional a favor de  una mujer acusada de pertenecer al comando de los GRAPO que le tenía secuestrado. Afirmó que no formaba parte de dicho comando y la defendió hasta el punto de que su declaración evitó que fuese condenada. Muchos quisieron ver en esta actitud un caso del mentado síndrome

Los ejemplos, individuales y colectivos, son múltiples con un  no reconocido síndrome que se caracteriza, principalmente, por una identificación entre una o varías personas secuestradas con sus captores. Empatía esta que, en ocasiones, puede ir en ambas direcciones.

Una de las mayores tradiciones de la izquierda en los últimos casi doscientos años, desde que los representantes de los partidos socialistas entrasen por primera vez en los parlamentos burgueses, allá por el siglo XIX y se apreciase también por primera vez el distanciamiento que se producía en ese momento con sus bases y hacia sus objetivos, ha sido la de dividirse entre quienes defendían la necesidad de una crítica pública a esos líderes, desde la base y llegado el caso rompiendo con ellos,  y los que en cambio optaban por contemporizar y aplicar paños calientes.

La lista de felonías cometidas por los próceres del socialismo internacional dignas de que hubiesen sido defenestrados o abandonados en sus partidos es muy larga. Desde la aprobación de los presupuestos de guerra en 1914, pasando por la dictadura bolchevique, los pactos de Munich, las purgas... hasta lo que se está viviendo ahora en Nicaragua o los inevitables giros del que hasta antes de ayer fuese icono de progres y partidos del cambio, el ex presidente de Grecia, Alexis Tsipras.

En el interior de nuestras fronteras el PSOE, un valor seguro en lo que a defraudar expectativas se refiere, ya se lució colaborando con la dictadura de Primo de Rivera y con una dirigencia que, durante la segunda república, era incapaz de ponerse seria ni tan siquiera cuando eran sus propias bases las diezmadas por la represión estatal. Tradición que no traicionó pasada la dictadura y que ha mantenido hasta hoy.

El PCE y CCOO obreras ya en los años setenta y principios de los años ochenta demostraron su férrea voluntad de ser un partido de orden renunciando a la bandera republicana, aceptando la monarquía y firmando los Pactos de la Moncloa, entre otras muchas cosas, mientras aseguraban a sus bases, atónitas, que las concesiones de hoy (ayer) eran la llave que abriría los triunfos del mañana (hoy). Unos triunfos que aún esperan, tristemente, en sus nichos democráticos aquellos que sobrevivieron con suerte y esfuerzo a cuarenta años de oscuridad.

 En los últimos años, desde el cacareado 15M, hemos vivido una suerte de proceso express, líquido diría el difunto Bauman, de lo que fue la transición de los años setenta . En nuestra caricatura de refundación del régimen una serie de personas y personajes, algunos con una tradición militante previa y otros no, de la noche a la mañana, trataron de convencer a la escuálida izquierda militante y a su potencial base social, de que había llegado el momento de tomar el estado al salto y de que ellos eran los mejor preparados para hacerlo.

Si bien a escala estatal la decepción ha sido más a escala simbólica, personificada en el secretario general de un partido que se ha convertido en su propio guiñol, ya que no han llegado de momento a formar parte de un gobierno, la presencia de representantes de la mal llamada nueva política en equipos y coaliciones de gobierno a nivel municipal y autonómico, con las decepciones que llevan aparejadas, si ha sido un hecho. Siendo sus dos máximos exponentes Ahora Madrid y el consistorio encabezado por Ada Colau.


En cuatro años de carmenismo no han cesado las persecuciones de la policía municipal a los migrantes, solo se han recuperado para la gestión pública servicios de poco calado y de manera marginal, los contratos vencidos de limpieza se han concedido a una empresa de Carlos Slim y se ha firmado la operación Berrocales, un Frankestein urbanístico que bien podría haberse hecho un hueco en las novelas del difunto Rafael Chirbes. Una vez más, por citar solo de pasada, algunos de los casos más exagerados.

Es sintomático que una corporación que pretende identificarse con la izquierda esgrima como gran arma electoral la reducción de la deuda. Es decir aceptar todos los parametros del sistema económico liberal hegemónico y presumir de ser mejores capitalistas. De reducir mejor los gastos, de ser mejores no invirtiendo en lo social y no molestando a los amos. Peor aún incluso, por patética, es la situación de sus escindidos que afirman irse (casualmente dos meses antes de las elecciones y cuando ya se sabe que no cuentan con ellos) por ser verdaderos revolucionarios y, al mismo tiempo, patalean reivindicando que el único éxito del consistorio, el antes mencionado milagro de la deuda reducida, fue gracias a uno de sus díscolos ediles y no a las huestes de Manuela. Es su peculiar gato de Schrödinguer que les permite ser al mismo tiempo los que dinamiten el sistema capitalista por dentro al tiempo que lo salvan librandolo de la corrupción y los gastos superfluos.


Y ante este panorama, la izquierda, los que votan, los que militan, los que se manifiestan y los que simpatizan se quedan rehenes de una gente que, después de haber prometido el cielo y haber dado solo migajas, nos pide una vez más paciencia. Cambiando la ilusión por el miedo en los discursos y asegurando que los otros, la derecha orgullosa de serlo, es peor.

La excusa, envuelta de argumento con un poso de verdad menor cuanto más permanecen esos ínclitos prohombres en puesto representativos, que por desgracia una vez más sirve para mantener presa a una gran parte de la gente que sueña con un mundo mejor entre dos grupos, polícia y secuestradores, a los que solo les interesamos en tanto en cuanto les sigamos siendo útiles para sus objetivos particulares en sus tiras y aflojas.

En lo que a mi respecta pienso que la única forma de construir un mundo mejor, no solo para el futuro, también para el día a día cotidiano, pasa por superar esa mentira que el sistema nos ha metido hasta el corvejón. Aceptar y creernos que vivimos en un mundo con más de dos colores, no binario, en que existen muchas otras formas de construir y apostar, de una vez por todas, por estructuras que acepten el desafío de ser un contra poder al servicio del pueblo y no un trampolín del que algunos puedan servirse para integrarse en el engranaje del poder y del sistema. 

Y uno de los primeros pasos para eso es sacudirse el miedo, denunciar el espejismo de su obra de teatro, y cortar los lazos con los que nos usan como peones en un tablero de ajedrez. Sea cual sea la bandera que agitan. Y por mucho que, en el pasado, fuésemos juntos a las mismas manifestaciones, sudásemos en los mismos conciertos o nos intercambiásemos los hielos de boca en boca en las mismas okupas.

Como dijo cierto general en una ocasión “Estamos en guerra, por Dios, tendremos que ofender a alguien”.








martes, 30 de julio de 2019

Shaft en África

    Desde que decidí revitalizar mi blog hace un par de meses me he venido planteando que quiero que tenga una sección dedicada al cine. Una de mis grandes pasiones.
   
Igual que me pasa con los libros esta sección puedo explotarla tanto desde el punto de vista de las novedades, como teniendo un hueco para obras poco o nada novedosas pero no por ello menos importantes, la sección esa que bautice como “Gran Reserva”.

Claro, como no podía ser de otro modo dada mi personalidad, a que película dedicarle mi primera entrada cinefila me ha tenido dudando estos dos últimos meses.

El otro día, en el pueblo, entregado a una vida aislada y cultureta; devorando libros y cine sin prejuicios de ningún tipo me vi, de casualidad, Black Panther, la adaptación para la gran pantalla del clásico de Marvel.

He de decir que, reconozco no haber leído los cómics, me gustó bastante y la vote muy positivamente en mi cuenta de filmaffinity. Sus puntos débiles son, sin duda, un guión demasiado lineal y, para mi gusto, un punto ingenuo. Por lo demás agradecí que por fin el epicentro de la historia y sus protagonistas no estuviese ni en los Estados Unidos ni en ninguno de los países del centro económico del capital. Y que sus protagonistas fuesen mayoritariamente africanos y africanas perfectamente capaces de salvarse a sí mismos y, de paso, al mundo. Toda una novedad.

La película me gustó mucho pero no me dio para una reseña. Sin embargo sirvió para que en mi inconsciente los mecanismos empezasen a operar y de uno de los baúles de la memoria saliese del recuerdo de otra posible candidata.


Dos días más tarde, algo reticente después de haber leído el libro y haberme quedado frío con el, me atreví con la de  Infiltrado en el KKK. Me sorprendió gratamente como Spike Lee supera el informe policial, elevado al rango de insulso libro por el policía afroamericano Ron Stallworth, y logra no solo hacer una trama algo más compleja que la realmente describe el "infiltrado". Además le suma un argumento paralelo que sirve para dar fondo y voz a una realidad, la de aquellos años, mucho más compleja que lo que nos muestra el funcionario policial en su libro.

Si bien esta cinta me dio más de lo que esperaba, como sucedió con la anterior, no me animaba tampoco a escribir sobre ella pero removió del todo el archivo y me dio la pista definitiva de por donde quería ir. Ayudado de manera incuestionable por una de las conversaciones que tienen los dos protagonistas del filme de Lee.

 En los tiempos de los videoclub, durante los ochenta, mi padre recién divorciado tenía como plan estrella (en realidad casi era su único plan), para las tardes de los martes y de los jueves que era cuando me tocaba estar con el, alquilar dos o tres películas y empezar la sesión una vez que acabásemos los deberes. En aquella época de mi infancia vi cientos de películas de las que solo recuerdo breves fragmentos y que no soy capaz de reconocer ni poner nombre hasta que vuelvo a verlas y encajo esa pieza que yo tenía en mi desván de imágenes.

 Hará unos diez años, paseando por la sección de cine de una gran superficie, actividad que me encantaba porque, entre otras cosas, busco películas en las que puedan encajar esas piezas perdidas en mi disco duro, y odio descargar cine por Internet, me encontré con copias de las tres películas de Shaft. A saber. Las noches rojas de Harlem, Shaft vuelve a Harlem y Shaft en África. La única cuyo titulo en España no fue mancillado, como suele ser habitual,  por quienes los traducen.

Puede que algún día averigüemos si esta macabra costumbre se debe a unos deseos poéticos de juventud frustrados y sublimados aprovechando un oficio poco reconocido. Al exceso de drogas durante el desempeño de un trabajo anónimo y alienante; a que se hagan apuestas entre currantes para ver quien inventa la interpretación más hilarante sin ser despedido o incluso que estemos ante una forma de comunicación secreta entre el jefe de una organización subversiva y sus desconocidos subordinados organizados en células sin nexo entre si . El caso es que yo, pese a estar atormentado por todas esas posibilidades, y sus funestas consecuencias, personales y colectivas, en caso de que se desvelase la causa, ahogué mi curiosidad en una orgía consumista y me compre una copia de cada uno de los títulos antes mencionados. 

La primera Shaft, rodada en 1971, la debí de ver casi recién comprada. Mis conexiones neuronales recordaron esos fogonazos visuales y llegué a la conclusión de que la había visto. No debí de tardar mucho en ver la segunda entrega, que me resultó más de lo mismo y un poco pobre y ya, un poco asustado, me anime con la tercera.

 Mis temores ante la tercera entrega, estrenada el mismo año en que Luis Carrero Blanco asistió a misa por última vez, se disiparon en seguida y me sorprendió muy gratamente. No obstante a tenerlo claro desde hace dos semanas, no ha sido hasta que he regresado del pueblo y que le he dado un segundo visionado, esta misma mañana, que me he decidido por escribir acerca de ella.

 Salvando las distancias del tiempo, que han hecho que los thrillers de aquella época ahora, envejecidos, puedan parecernos lentos y un poquito pueriles, es un trabajo que no tiene nada que envidiar a películas de su género protagonizados por grandes artistas. Me atrevo a afirmar que esta tercera entrega de las peripecias del personaje encarnado por Richard Roundtree ha sufrido menos desgaste que contemporáneas suyas como El hombre de Mackintosh, dirigida por John Huston y protagonizada por Paul Newman y que está a la altura de la saga de Harry el sucio.

Contratado en ésta ocasión de una manera un tanto particular Shaft viajará a África para investigar una red que, ahí radica la longevidad de la historia, se dedica a traficar con personas enviadas a Europa, clandestinas y sin derechos, para que trabajen en los más duros oficios en condiciones casi de esclavitud.

A lo largo de la película Shaft recorrerá un largo camino que le llevará de Addis Abeba hasta París recorriendo caminos, ciudades y pueblos y esquivando a los esbirros de la red que quiere quitarle de en medio.

Es cierto que, en cuestión de género, la película suspende y mucho. Y me quedo con la duda de cual hubiese sido el resultado si el rodaje hubiese estado a cargo de un director africano o, como mínimo afroamericano, ya que esta es la única de la saga que no dirigió Gordon Parks. Corrió a cargo del director ingles John Guillermin realizador de la famosa El coloso en llamas. Revisando su filmografía esta puede que sea su mejor trabajo.

Como no me gusta hacer spoilers no seguiré contando más y os dejo con una recomendación para una tarde o noche de verano en la que queráis ver un problema actual con los ojos de hace cuarenta y cuatro años, desde una perspectiva de cine comercial, y de una duración  bastante asequible. No llega a las dos horas y tiene una banda sonora que, si bien no fue merecedora de un oscar como pasó con la primera de la dinastia, a cargo de Isaac Hayes, no está tampoco nada mal, obra del artista Johnny Pate ( https://www.youtube.com/watch?v=ofuKY8Twen8 ).

    Darle una oportunidad que, a las malas, nos dará una excusa para charlar un poco. Inclusopodemos tomar unas cañas.